
Crisis en la Federación Italiana de Fútbol tras el fracaso en el Mundial e investigación sobre primas a jugadores
La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) se enfrenta a una profunda crisis institucional tras el fracaso del equipo nacional en la clasificación para el Mundial de 2026, una eliminación agravada por las revelaciones de que varios jugadores consultaron sobre las primas por clasificación antes de la decisiva repesca. Según un informe del periódico italiano La Repubblica, varios miembros de la plantilla solicitaron aclaraciones sobre la bonificación económica –estimada en 300.000 euros por jugador– antes de su fatídica final de repesca contra Bosnia y Herzegovina. El informe indica que el entonces seleccionador, Gennaro Gattuso, intervino para considerar inapropiada la consulta antes del partido.
La campaña de Italia terminó en desastre en Zenica, con un empate 1-1 seguido de una derrota 4-1 en la tanda de penaltis. Esta es la tercera Copa del Mundo consecutiva que los cuatro veces campeones se perderán, una caída asombrosa para una nación que ganó el Campeonato de Europa hace apenas tres años. Las consecuencias han sido inmediatas y severas, desencadenando una ola de dimisiones de alto perfil que ha dejado a la federación sin liderazgo.
Tras los acontecimientos, Gennaro Gattuso dimitió como seleccionador. Le siguieron rápidamente el presidente de la FIGC, Gabriele Gravina, y el jefe de la delegación del equipo, el legendario ex portero Gianluigi Buffon. Sus salidas simultáneas han creado un vacío de poder en el corazón del fútbol italiano, y la federación ahora tiene la tarea de nombrar un nuevo presidente en las elecciones programadas para junio.
La controversia se vio exacerbada por errores adicionales antes de la crucial repesca. Algunos jugadores italianos fueron grabados celebrando la victoria de Bosnia y Herzegovina en la tanda de penaltis sobre Gales en la ronda previa de repesca, una escena que se percibió como prematura y carente de concentración. La secuencia de eventos ha pintado una imagen de una plantilla y una federación distraídas del objetivo deportivo final, lo que ha provocado intensas críticas de los medios y los aficionados.
La FIGC debe ahora afrontar una reconstrucción completa en un período de intensa escrutinio. Sin un gran torneo hasta el Campeonato de Europa de 2028, las prioridades inmediatas de la federación son instalar una presidencia estable y nombrar un nuevo cuerpo técnico para guiar al equipo durante un período de reflexión. El equipo nacional tiene dos partidos amistosos programados para junio, que probablemente serán supervisados por un entrenador interino.
Este colapso institucional representa uno de los capítulos más oscuros de la historia del fútbol italiano, superando la decepción de perderse los torneos de 2018 y 2022 debido a la magnitud del éxodo ejecutivo. El foco ahora se centra en si la federación puede implementar reformas estructurales y restaurar una cultura de profesionalidad y prioridad en la configuración del equipo nacional, separando las preocupaciones financieras del rendimiento en el campo.


