Un partido de la Copa de la UEFA entre la Fiorentina y el Grasshopper fue suspendido en 1999 después de que un artefacto explosivo fuera lanzado al campo desde las gradas del estadio Arechi de Salerno. El incidente ocurrió durante el descanso del partido de vuelta de los octavos de final, con la Fiorentina ganando 2-1 en el partido y 4-1 en el global. El partido se jugaba en Salerno porque el Stadio Artemio Franchi de la Fiorentina estaba suspendido debido a problemas previos con los aficionados.
Según informes de la época, el artefacto, descrito como una potente petardo o 'bomba carta', explotó cerca de la esquina del campo. La explosión hirió al delegado de la UEFA y al cuarto árbitro, el árbitro belga Philippe Lament, quien sufrió una herida en la pierna que requirió puntos de sutura. El delantero belga de la Fiorentina, Lulu Oliveira, que había marcado ambos goles de su equipo, estaba cerca y sufrió un trauma acústico, pero no resultó físicamente afectado. La policía identificó inmediatamente a cuatro ultras del Salernitana como sospechosos del ataque, que supuestamente fue un acto de venganza.
La suspensión tuvo importantes consecuencias deportivas. A pesar de las protestas de los directivos del Grasshopper, que afirmaron que sus jugadores estaban aturdidos y tenían problemas de audición, el árbitro Michel Piraux intentó inicialmente continuar el partido convocando a jueces de línea de reemplazo. Sin embargo, el partido fue finalmente suspendido. La UEFA otorgó posteriormente una victoria por 3-0 al Grasshopper, eliminando a la Fiorentina de la competición. Esta decisión fue controvertida, ya que la Fiorentina había estado en una posición dominante antes de la interrupción.
El evento fue un gran escándalo en el fútbol italiano, destacando el grave problema de la violencia en los estadios y la influencia de los ultras durante esa época. Para la Fiorentina, la eliminación fue un duro golpe para una plantilla talentosa con estrellas como Gabriel Batistuta, Rui Costa y Francesco Toldo. El club, entonces dirigido por Giovanni Trapattoni, también estaba luchando seriamente por el título de la Serie A esa temporada, y la interrupción se vio como una costosa distracción de su búsqueda del scudetto.
Las repercusiones se extendieron más allá del partido inmediato. Intensificó el escrutinio sobre las medidas de seguridad en los estadios italianos y la práctica de trasladar los partidos a estadios neutrales como castigo. El incidente sigue siendo un capítulo oscuro en la historia del fútbol europeo, que ilustra cómo la violencia fuera del campo puede alterar irrevocablemente los resultados deportivos. Para Oliveira, el prometedor delantero, el traumático evento marcó una desafortunada nota al pie de su paso por la Viola.




