Paolo Maldini y Leonardo han dimitido de sus puestos en la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) tras tan solo dieciséis días, alegando una ruptura de confianza y visiones divergentes sobre el futuro del equipo nacional. Las salidas se confirmaron tras una reunión con el presidente de la FIGC, Gabriele Gravina, quien reconoció las diferencias irreconciliables entre las partes.
Según informes, el núcleo del desacuerdo giraba en torno al nombramiento de un nuevo entrenador nacional. Maldini y Leonardo apostaban por desarrollar un entrenador desde dentro, concretamente al ex centrocampista Andrea Pirlo, mientras que Gravina priorizaba a un técnico experimentado capaz de ofrecer resultados inmediatos. Esta divergencia de opinión se vio exacerbada por las preocupaciones sobre el patrocinio y la percepción pública en torno a la candidatura de Pirlo, especialmente dada la reciente incapacidad de Italia para clasificarse para dos Mundiales consecutivos.
La situación se deterioró presuntamente después de que los intentos iniciales de asegurar a entrenadores de alto perfil como Carlo Ancelotti y Pep Guardiola resultaran infructuosos. Gravina sugirió entonces opciones experimentadas como Roberto Mancini y Antonio Conte, propuestas que Maldini y Leonardo no estaban dispuestos a considerar. Se plantearon dudas sobre la abrupta salida de Mancini del equipo nacional en 2023 y la tendencia de Conte a cambiar de clubes con frecuencia, lo que se consideró un riesgo demasiado grande con la Eurocopa 2028 y el Mundial 2032 en el horizonte.
Maldini y Leonardo comunicaron su falta de confianza en el proyecto a Gravina, afirmando que carecían de la autonomía necesaria en la toma de decisiones y de la confianza mutua para proceder eficazmente. Esto condujo a una rápida resolución, con el presidente de la FIGC aceptando sus dimisiones. Se espera que la rescisión consensual de sus contratos se formalice en breve. La FIGC ahora se enfrenta a la tarea de nombrar tanto a un nuevo director como a un nuevo entrenador nacional, un proceso que probablemente implicará nuevas negociaciones y la consideración de varios candidatos. El rápido desmoronamiento de este nombramiento marca un comienzo turbulento para un período crucial para el fútbol italiano.




