La FIFA ha aprobado una reforma regulatoria que abre la puerta a que la selección femenina de Afganistán, actualmente exiliada, sea reconocida y compita en partidos internacionales oficiales. El consejo del organismo rector del fútbol mundial adoptó la enmienda en una reunión en Vancouver el martes, en acuerdo con la Confederación Asiática de Fútbol, permitiendo el reconocimiento de un equipo nacional o representativo “en circunstancias excepcionales”. Este cambio aborda directamente la difícil situación de la selección femenina afgana, que se disolvió tras el regreso al poder de los talibanes en agosto de 2021.
La prohibición de los talibanes a los deportes femeninos obligó a las jugadoras de la selección nacional a exiliarse. El grupo, que ahora opera bajo el nombre de Afghan Women United y bajo la protección de la FIFA, no ha podido representar a Afganistán oficialmente durante casi tres años. Según informes, el equipo tiene previsto realizar un campo de entrenamiento en Nueva Zelanda del 1 al 9 de junio, donde se planea un partido contra las Islas Cook, lo que podría marcar un paso significativo en su regreso al fútbol competitivo.
En un comunicado, la FIFA confirmó que iniciará los pasos necesarios para “el registro del equipo y el establecimiento de una estructura operativa y deportiva”. El organismo mundial se comprometió a poner a disposición “todos los recursos necesarios –humanos, técnicos y financieros– para garantizar un camino seguro, profesional y sostenible hacia la competición oficial”. Este movimiento representa una vía institucional formal para restaurar el estatus del equipo, que había estado en un limbo desde la toma de poder de los talibanes.
La reforma proporciona un marco legal para que la FIFA apoye a los equipos que representan a naciones en crisis, donde las estructuras deportivas normales se han derrumbado debido a conflictos o cambios políticos. La selección femenina afgana ha seguido entrenando y defendiendo su derecho a jugar mientras se encuentra fuera de su país de origen. Su situación pone de relieve los desafíos más amplios que enfrentan las atletas femeninas bajo el régimen talibán, que ha restringido severamente la participación de las mujeres en la vida pública, incluidos los deportes.
Este desarrollo podría servir de precedente para otras selecciones nacionales que enfrenten barreras políticas similares al reconocimiento. Para las jugadoras afganas, ofrece una vía tangible de regreso al escenario internacional, proporcionando estructura, financiación y la legitimidad necesaria para los partidos competitivos. El campo de entrenamiento y el partido previstos en junio serán una prueba crítica de la implementación práctica del nuevo marco, marcando lo que muchos esperan que sea un nuevo capítulo para el fútbol femenino en Afganistán, incluso si se juega desde la distancia.



