Gian Piero Gasperini ha recibido un control significativo sobre el futuro deportivo del AS Roma, con los propietarios del club, el Grupo Friedkin, empoderando al entrenador tras la salida del asesor sénior Claudio Ranieri. Según informes desde Italia, se espera que la posición reforzada de Gasperini conduzca a la salida del director deportivo Ricky Massara, con quien el entrenador ha tenido, según se informa, una relación laboral tensa. Este cambio de poder señala una importante reestructuración de la jerarquía del club apenas unos meses después del inicio del mandato de Gasperini.
Esta consolidación de la autoridad quedó patente tras la salida de Ranieri, una medida interpretada como el apoyo decisivo de la propiedad a Gasperini en cualquier disputa interna anterior. El entrenador había sido previamente evasivo sobre su relación con Massara, pero tras la marcha de Ranieri, declaró públicamente que, si bien Massara era una “muy buena persona”, no existía “feeling a nivel técnico”. Enfatizó que un director deportivo y un entrenador “deberían trabajar en pareja”, un mensaje claro a la propiedad sobre la necesidad de alineación.
Como resultado, se espera que la Roma busque un nuevo director deportivo cuya visión se alinee más estrechamente con la filosofía futbolística de Gasperini. Más allá de los cambios de personal en la oficina directiva, la ampliación de las competencias de Gasperini le otorgará una voz decisiva en varias áreas clave. Tendrá una influencia considerable en las renovaciones de contrato de los jugadores, las decisiones sobre la plantilla actual e incluso en la composición del cuerpo médico, este último siendo un punto de fricción importante durante el tiempo de Ranieri en el club.
La visión de Gasperini para la plantilla es, según los informes, una de evolución más que de revolución. Contrario al enfoque más cauteloso de Ranieri, que equilibraba la ambición deportiva con las limitaciones financieras del club, Gasperini ha argumentado constantemente que el equipo no necesita una revisión completa. Ya ha aconsejado al club que asegure el futuro de jugadores clave como Lorenzo Pellegrini y Paulo Dybala, al tiempo que identifica qué miembros de la plantilla se consideran indispensables y cuáles podrían ser vendidos. Además, está a punto de delinear posiciones específicas en las que el equipo necesita refuerzos en el próximo mercado de fichajes.
Esta concesión de “amplios poderes” representa tanto un ascenso como una considerable responsabilidad para Gasperini. El Grupo Friedkin le ha confiado eficazmente la dirección de la trayectoria de crecimiento de la Roma. Si bien esto le ofrece el control que muchos entrenadores desean, también centraliza la rendición de cuentas; si los resultados flaquean, el escrutinio recaerá directamente sobre las decisiones y el liderazgo del entrenador. Los próximos meses pondrán a prueba esta nueva estructura mientras la Roma busca construir un desafío sostenible en la cima de la Serie A.




